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 I. Nación Prózac

 

Hace ya algún tiempo encontré en una librería de por el centro (DF) un libro llamado “Nación Prózac” que, según recuerdo, me gustaba mucho, y que a decir de muchos amigos los cuales después me lo pidieron varias veces prestado, y mucho, mucho, pero mucho después de que el último de ellos jamás me lo devolviera (Grrrr…! J.J, ¡ya devuelve el pinche libro…, no mames!), era una excelente novela. Según recuerdo (y digo “según recuerdo”, porque está cañón acordarme de la sinopsis exacta a éstas alturas, casi 10 años después… :S), era un libro que más que darme una cátedra sobre el mundo de los estupefacientes (cocaína, heroína, LSD… y la lista continúa), retrataba fidedignamente el mundo atormentado de una mujer que, surmergida hasta las narices en las drogas (eso sí, “literalmente”, jeje…), se perdía en una especie de universo abstracto donde sólo ella era la protagonista y la narradora omnipresente (Elizabeth W. se llamaba, creo) de dicho autorretrato. En fin, no quiero hacer el cuento largo y sólo digamos que de lo que el libro trata es de una tipa esquizofrénica-hipocondríaca-maníaco-depresiva cuyo mundo giraba, además de la cocaína y el sexo, alrededor del amor. Tenía esposo, si no mal recuerdo y si la memoria no me falla, pero la tipa ésta era una slut a la cual le valía madre todo su entorno, e incluso creo había gastado la mayor parte de su tiempo brincando como una pulga cocainómana de uno a otro trabajo, y de una a otra relación amorosa, echando por el excusado la poca familia que tenía, sus amigos, su vida. Yo adoraba a la mujer ésta, jeje, pero más que por lo freaky de su historia (y por lo bitch), la admiraba por su visión única de lo que, según ella,  es el amor, y por haberme dado una de las mejores máximas que me marcaron de por vida respecto a dicho tema. ¡Qué tipa tan original, oh, sí…! Y mira que habérsele ocurrido hablar de la “naturaleza evasiva del amor” no ha cualquiera se le prende el foco y escribe sobre ello. En algún capítulo perdido de mi memoria, Elizabeth describe esa adicción del uno por el otro, como aquella que le profesa a su amado Rafe en Nación Prózac, y por cuyo amor desesperada y depresivamente, escribe:

 

“Lloro por la naturaleza elusiva del amor, la imposibilidad de tener a alguien siempre y por entero que sea capaz de colmar ese hueco abierto en mí que se ha llenado ahora de pura depresión. Entiendo por qué a veces se desea matar a un amante, comerse a un amante, aspirar las cenizas de un amante muerto. Entiendo que ésa es la única manera de poseer a otra persona con ese ansia desesperado que tengo por tener a Rafe dentro de mí…”

 

Y yo por supuesto, que en aquellos años apenas empezaba a meterme polvitos blancos por las narices y a lamer el filito de los billetes de cien pesos enrollados en delgados popotitos; y que en ese tiempo tenía por un lado a Ulises de amante de planta (7 años mayor que yo; yo tenía 17), y por el otro a mi novia psicópata, Sandra, con la cual apenas empezaba a tener una relación enfermiza, me identificaba muchísimo con ella. Nación Prózac vino a ser un parteaguas en mi existencia; era mi Biblia, y hasta cierto punto yo anhelaba vivir una vida de desenfreno total como la de Ely en el libro, de perderme en un mundo de alcohol y de sexo, y también de destruirme a mí mismo. En fin, de ser libre…

Por aquellos años mi vida había sido muy aburrida, y apenas tenía poco de haber pasado de ser un niño bien portado y bien rechoncho, a un guey inestable, anoréxico-bulímico (56kgm…, 55kgm pesaba…?), atractivo y sumamente depresivo que igual se ligaba a tipos comunes y más que corrientes los viernes en la estación observatorio del metro, o igual se lanzaba a cazar gueyes a los antros de zona rosa, o bien se trepaba sin ningún problema a los autos de tipos desconocidos que se orillaban y le abrían la puerta sobre Reforma (sólo lo hice como dos veces, I swear!). No digo que tendría poco de haberme desclosetado, jejejejeje, pues eso ya ni lo recuerdo bien ni en qué momento lo hice, pero sé que fue hace taaanto tiempo… Y pues bueno, el punto es que en aquellos años me sentía el protagonista de una película en constante retrospectiva. Recuerdo haber releído y releído y aprenderme de memoria esa fracesita y haberla aplicado en más de una relación, lo cual en no muy contadas ocasiones me trajo desenlaces muy melodramáticos, como aquella ocasión en que le confesé al Engendro que había dejado de amarlo hacía mucho tiempo y en mi enojo abrí la puerta del carro y me aventé sobre la banqueta con el auto aún en marcha. (jajajajajajaja…) Uyyy, aún recuerdo ésa, je, pero bueno, no pasó de algunos rasguños menores, una que otra palabrota, dejarnos de hablar una semana y uno que otro corazón roto.

Todo esto viene a colación de que hoy estoy muuy, pero muyyyy de malas. Quizás escribo porque siento que es la mejor forma de liberar la rabia adherida a mi alma antes que lanzársela a P. como una araña ponsozoña a la cara. Quizás escribo por no querer sentirme más solo o quizás sólo escribo por aburrimiento. Ya no quiero lastimarlo, pero es cierto que las cosas en casa no han estado muy bien últimamente. Y de repente el recordar esa frase de Nación Prózac me hace darme cuenta de la verdad evasiva del amor y de que en verdad lo quiero, sí, claro, aunque constantemente surge en mí la siguiente incógnita: ¿hasta qué punto el podrá amarme…? (:S). ¿Me querrá tanto como yo lo amo, acaso? No sé; a estas alturas, casi dos años después, ya resulta peligroso saberlo, je. Lo único de lo que por ahora estoy completamente seguro, es que mañana será un nuevo día para poder quitarme el óxido de los dedos después de haber abandonado el vicio de escribir durante tanto tiempo. Hoy, 18 de julio de 2008, vuelvo a retomar este viejo hábito después de meses de ausencia porque puedo, porque quiero, porque necesito gritar ciertas cosas que siento como pesadas enredaderas trepándoseme al cuello, y  que me asfixian más y más a cada momento…  ¿Qué siente P. por mí en estos momentos? Tengo miedo de no saberlo. :S

 

 

Rigatito Némesis.

 

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