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X. Hay días…

 

Hay días en que quisiera no despertar más de mi letargo y perderme en el sueño profundo para siempre. Hay días en que quisiera clavarme los dedos como cuchillos y simplemente arrancarme los ojos y guardarlos en el bolsillo derecho del pantalón, apretarlos entre el puño y la cadera con fuerza, deshacerlos de un trancazo, y volverlos polvo. Hay días en que mi garganta se vuelve un nudo enorme y las anginas pesan y  duelen como clavos fríos que atraviesan hasta la lengua y los pequeños tímpanos. Hay días en que los ojos también se me vuelven inmensos mares, y ríos púrpura de colirio y sal son vomitados a través de mis párpados hinchados. Hay días en que quiero saltar de la ventana en el tercer piso y desplegar las alas de pájaro justo antes de tocar el suelo. Hay días en que la tristeza no es sino una constante latosa en mi vida que me vuelve un ser achacoso y amargado, y también hay días en que un día soleado a mis ojos pareciera una tormenta y mis muñecas dos suaves naranjas esperando ser rebanadas. Hay días, sí, es cierto, hay días (pero no siempre), en que la tristeza me vuelve un huevo hinchado que apenas si respira, embotado en la cama. Hoy es uno de esos días.

 

Rigatito Némesis, 2008.

 

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