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XII. Sobrevivir al espanto de esta vida, amigo…

 

En este momento estoy charlando con J. por el msn. Me dice, después de dos largas semanas de ausencia, que ayer trató de suicidarse cortándose las muñecas. Ya no quería entrar más al msn para evitar cualquier contacto con mi ex, para no saber nada más de él, me dice. ¿Estás bien?, le pregunto, y me responde que las muñecas aún le sangran, que de hecho no le duelen, pero que no se ha curado la herida para que en su casa no se den cuenta. Dice que sólo duele la herida cuando se acuerda más del dolor del espíritu que del dolor de la carne… ¿Qué se siente?, le pregunto, morboso, y me responde que ni siquiera siente dolor; que es como estar dopado. Ya abrí los ojos, papá, añade; de hecho no me duele…; pero me valió…Quisiera en ese momento poder decirle que lo quiero a mi manera, que me importa y que tiene todo mi apoyo, pero no soy yo quién para retenerlo en este mundo si él no quiere, si a él no se le da la gana, si él no se da cuenta a través de sus ojos. Yo no quisiera perderte, le digo, ojala me hubieras dado la oportunidad de conocerte en persona, de invitarte a salir a algún lado, de poder ponerle juntos en tantos lugares secretos, de quererte un poquito. Déjame abrirte el pecho como un costal y sacar de dentro tus ojos para que veas que hay gente que te quiere, que le importas, que le gustas…Si eso es lo que quieres, quién soy yo para privarte de ese derecho, le digo. Yo te apoyo. Te entiendo porque también he sido débil, sin fuerzas para levantarme del colchón, pero siempre, de alguna u otra forma, aparece algo que me hace atarme a algo como un yunque, a sobrevivir al espanto de esta vida…Me caga ser tan débil, me dice, cómo quisiera ser un cabrón de esos que les vale madre todo! 

Ay, Sísifo, si supieras cuánto me importas y cuánto vales. Ojala pudieras ver la vida desde otro enfoque a través de mis ojos, le digo, pero sólo responde que le duele lo que hace, que espera que algún día nos conozcamos. J., eres la palomilla blanca, como en el Mito de Sísifo de Albert Camus, que en busca del amor se avienta en picada y choca una y otra vez contra el foco… Pobre amigo mío, nada puedo hacer sino escucharte.

 Rigatito Némesis, 2009.

 

 

 

 

 

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