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XXI. Mudanzas

Después de estar sometido a décadas de telenovelas, innumerables reality shows y una docena de series gringas de televisión, creo que el drama por fin ha afectado sobremanera a mi vida. Me he transformado en un ser cuya existencia no podría imaginarse sin aquellos dramas telenovelescos en los que el dilema “¿me suicido con valium o sigo viviendo?” lo llevan a uno a estar constantemente al borde del abismo. Mi último drama se presentó hace no más de 48 horas a las afueras de mi trabajo, entre un ex-gran-amigo-ex-compañero y su servidor. Terminamos, por así decirlo, dándonos en la madre con la verbigracia y dándonos puñetazos de traición en la cara.

Siempre lo he dicho: amar es a menudo la calma antes de la desgracia, como lo es el silencio aún mucho antes de que arribe el huracán y se ancle estático en el puerto, derribando, así, todo cuanto se cruce en su camino. Así es el amor: una calma infinita que luego se convierte y se trasmuta sigiloso una y otra vez en una fiera huracanada de afiladas garras, que defiende a zarpazos y a mordidas todo lo que le es propio: el objeto del amor. A menudo el blanco de dicho ataque suele ser un amigo, un pariente lejano al que no habíamos visto en mucho tiempo, algún compañero de trabajo, algún profesor que alguna vez nos elogió simplemente por nuestras buenas notas, o incluso un desconocido del que, por supuesto, no sabemos nada, y por ello nos atrae mucho más. Porque, seamos sinceros, el amor llega áspero pegando como martillo encabronado y así puede llegar muchas más veces, pero una vez que anida dentro de uno, es difícil deshacerse por completo de éste. El amor es un Alien, un parásito, un fuego fatuo que invade a su huésped contra voluntad. Siempre queda la herida fresca que se abre y se contrae, se resana y se sutura, pero que no cierra nunca del todo. Las heridas del corazón son una de las lesiones más difíciles de tratar porque nada tiene que ver con lo físico o lo tangible, sino por el contrario, con lo espiritual. Es como la hierba de los jardines: se la puede cortar una y otra vez, pero si no se la arranca desde raíz, indudablemente volverá a crecer.

Casi siempre es así –ya lo decía Cesar Milosz–: “enamorarse no equivale a ser capaz de amar. Son cosas distintas…”. El error más grande que hasta ahora he cometido fue el enamorarme de mi mejor ex amigo y no corresponderle. Un hombre herido de amor es peor que una mujer despechada que puede hacer todo lo posible por retenernos hasta el punto de la locura. Quizás me enamoré alguna vez, cierto, pero nunca fui capaz de amarlo. Fingía, actuaba, me engañaba, me encogía de hombros, y a menudo me enamoraba de forma lúdica donde yo acechaba y cazaba a la presa. No es difícil. Si se es un muy buen actor casi nadie lo nota. Y así, un día de tantos, caí directo en la red de un amor falso, inexperto; incluso cruel. ¿Qué clase de amor se funda en la posesión obsesiva del otro, asfixiándolo, ultrajándolo, matándolo…?

De las heridas más grandes que alguien pudiera hacer a otra persona en esta vida se cuenta el perjurio. La mentira es un arma tan vil y baja que puede atravesar la carne y el corazón hasta lo más profundo. La decepción, por otra parte, es un sentimiento de agonía, de angustia, de querer saber qué fue lo que hicimos mal aunque seamos totalmente inocentes de aquello que se nos inculpa. Ahora resulta que decir la verdad es recompensado con el desprecio. En qué momento llega uno a perderse en ese mundo lleno de mentiras, en qué momento se vuelve uno parte de ese universo embustero, de ese círculo farsante? P.S. He renunciado a ti completamente. Más vale que te enteres, mi estimado thingy… Sé que quizás estés leyendo esto…

Hoy me acabo de dar cuenta de que una mudanza es, en cierta forma, una catarsis para el alma… no sólo dejas cosas atrás que ya no te son útiles, sino que tiras recuerdos enmohecidos, vivencias y personas que nos han hecho tanto daño en el pasado… Toda mudanza es, en cierta forma, un nuevo comienzo; es un “borrón y cuenta nueva”.

Rigatito Némesis, 2011.

 

Ilustración de Mercedes Jara:

 http://mercecrist.blogspot.com/2008/12/mudanza_03.html

 

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